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Entrevista a Jean Raspail: “Francia está desapareciendo”

18 Nov

Raspail

Jean Raspail, escritor y pensador francés, autor de, entre otras novelas de “El Campamento de los Santos” (“El Desembarco” en su versión española), nos habla sobre la situación actual de los europeos y sus perspectivas de futuro, en la siguiente entrevista publicada en Valeurs Actuelles.

¿Qué te inspira la situación actual?

Sabes, no siento ningún deseo de unirme al inmenso grupo de intelectuales que pierden el tiempo debatiendo sobre la inmigración…. tengo la impresión de que esas discusiones no sirven a ningún propósito. La gente ya lo sabe todo, intuitivamente: que Francia, tal y como nuestros antepasados la diseñaron hace siglos, está desapareciendo. Y que mantenemos al público entretenido al hablar incesantemente de la inmigración sin decir jamás la verdad definitiva. una verdad que además es indecible, como mi amigo Jean Cau advirtió, porque aquel que la diga, es inmediatamente acosado, condenado y luego rechazado. Richar Millet se quedó cerca de hacerlo, ¡y mira lo que le ocurrió!.

¿Está siendo la gravedad del problema ocultada al pueblo francés?

Si. ¡Comenzando ante todo por los políticos al cargo!. Públicamente dicen “todo va bien, Señora Marquesa”. Pero tras las puertas cerradas, reconocen que “si, estás en lo cierto, hay un auténtico problema”. Tengo varias cartas educativas sobre este asunto de mano de prominentes políticos izquierdistas, y también de aquellos a la derecha, a quienes les envié el Campamento de los Santos. “Pero, entiéndelo: no podemos decirlo…”. Esa gente tienen un doble lenguaje, una doble consciencia. ¡Yo no sé como lo consiguen!. Creo que la alarma procede de esto: la gente sabe que se le están ocultando las cosas. Hoy, decenas de millones de personas no se tragan el discurso oficial sobre la inmigración. Ni una sola de ellas se cree que sea una oportunidad para Francia, “une chance pour la France. Porque la realidad se impone ella misma sobre ellos, todos los días. Todas esas ideas maduran en sus cabezas y no se irán.

¿No crees que sea posible asimilar a los extranjeros recibidos en Francia?

No. El modelo de integración no está funcionando. Incluso si unos pocos ilegales más fueran escoltados hasta la frontera y tuviéramos éxito en integrar a los extranjeros un poco más que ahora, sus números no dejarían de crecer y por eso no cambiaría nada el problema fundamental: la invasión continua de Francia y de Europa por un tercer mundo incontable. No soy un profeta, pero puedes ver claramente la fragilidad de esos países, en los que una pobreza inaguantable está asentada y crece incesantemente al lado de una riqueza indecente. Esas gentes no se vuelven hacia sus gobiernos para protestar. No esperan nada de ellos.

Se vuelven hacia nosotros y llegan a Europa en barcos, cada vez más numerosos, hoy en Lampedusa, mañana en todos lados. Nada los desanima. Y gracias al juego demográfico, hacia la década de 2050, habrá tantos franceses indígenas como extranjeros jóvenes en Francia.

Muchos serán nacionalizados.

Lo cual no quiere decir que se habrán vuelto franceses. Yo no digo que sean gente mala, pero la “nacionalización de papel” no es una nacionalización de corazón. No puedo considerarlos mis compatriotas. Necesitamos endurecer drásticamente la ley, como medida de urgencia.

¿Cómo puede tratar Europa con estas migraciones?.

Hay dos soluciones. O bien los acomodamos y Francia -su cultura, su civilización.- es borrada sin siquiera un funeral. Desde mi punto de vista, eso es lo que va a ocurrir. O bien no les acomodamos de ninguna manera- eso significa dejar de sacralizar al otro y redescubrir a tu prójimo, es decir a aquel cercano a tí. Lo cual implica dejar de importarnos una mierda esas “ideas cristianas sacadas de quicio”, como decía Chesterton, o esos depravados derechos humanos, y que tomemos las medidas indispensables para distanciarnos nosotros mismos, sin apelación, para evitar la disolución de nuestro país en un mestizaje generalizado. No veo ninguna otra solución. He viajado un montón en mi juventud. Todos los pueblos son fascinantes pero cuando los mezclas demasiado, se desarrolla mucha más animosidad que simpatía. El mestizaje (n.t. métissage en el original, término que equivale al de “multiculturalidad” en el contexto francés) jamás es pacífico. Es una peligrosa utopía. ¡Miradlo en Sudáfrica!.

En el punto en el que nos encontramos ahora, las medidas que tendríamos que tomar serían necesariamente muy coercitivas. No creo que ocurran y no veo que nadie tenga el coraje de hacerlo. Necesitarían poner su alma en la balanza, pero, ¿quién está preparado para eso?. Dicho esto, no creo ni por un momento que los proinmigracionistas sean más caritativos que yo: probablemente no hay ni uno solo de ellos que pretenda acoger a ninguno de esos desgraciados en su casa…. todo esto no es más que una ficción emocional, una tempestad irresponsable que nos arrastrará.

¿Así pues, no hay ninguna otra solución aparte de la sumisión o la coacción?.

Quizás podría haber una, pero sólo tendrá una oportunidad: lugares aislados en los cuales una población que está amenazada étnica y culturalmente por otros comunitarismos (n.t. otro término usado por el gobierno francés, véase su entrada en “Por qué luchamos”, de Faye) pueda encontrar refugio. Además, ya está ocurriendo: podemos ver actualmente que los “franceses viejos” (n.t. “de souche”) están huyendo de los denominados distritos “sensibles”. Las manifestaciones en contra del matrimonio homosexual son también una forma de comunitarismo: testifican el rechazo de millones de franceses al “cambio de civilizaciones” prometido por la izquierda y por Christiane Taubira (n.t :la Ministra de Inmigración francesa, de origen marroquí). Hoy día, todo el mundo condena el comunitarismo , pero podría ser una solución, al menos temporal. Esos comunitarismos opuestos se reforzarán entre sí mutuamente por la animosidad que conllevan, y eso acabará, en último término, en enfrentamientos extremadamente graves. Incluso si no necesitamos desear que ocurran las desgracias.

¿No crees en un repentino nuevo comienzo, como ha ocurrido muchas veces en la historia de Francia?.

No. Eso requeriría de un espíritu épico, de la apreciación por un destino elevado para que fuera posible un súbito nuevo comienzo en Francia. Requeriría que la gente aún creyera en su país. No veo que quede nada de eso. Como mínimo una reforma desde arriba a abajo del sistema educativo y de los medios audiovisuales, que se llevara el estrado desde el cual los periodistas y profesores diseminan la desinformación… Hemos desacralizado la idea de la nación, del ejercicio del poder, del pasado del país. Hemos puesto grietas en la estatua de Francia. la hemos desfigurado (¡especialmente la izquierda!), hasta el punto en el que nada inspira ya ningún respeto. El poder de las falsas ideas difundidas por el sistema de educación nacional y por los medios es ilimitado. Pero por lo que a mí respecta, he vivido en Francia durante los últimos 1500 años, y me siento a gusto con lo que es mío, y no tengo ningún deseo de que cambie…

 

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Publicado por en 18 noviembre 2013 en Uncategorized

 

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